Consultoria Bosch reunió a empresarios y directivos el 29 de octubre en Les Clarisses de Vic en una nueva sesión de Mirades d’economia, con la participación de Jaume Giró, exconseller de Economía y Hacienda de la Generalitat, y Jordi Baiget, encargado de conducir la conversación. El encuentro ofreció un análisis del contexto geopolítico y económico y de las decisiones que Cataluña debe afrontar para reforzar su competitividad en un entorno de profundos cambios.
En la bienvenida, Quim Bosch agradeció la participación de los asistentes y de los dos invitados y recordó los más de treinta años de trayectoria de la consultoría junto a las empresas. Un recorrido durante el cual han evolucionado los servicios y las necesidades de los clientes, manteniendo una forma de trabajar basada en la proximidad y el conocimiento de cada negocio.
La sesión partió de una cuestión que afecta directamente al tejido empresarial: cómo interpretar un escenario en el que los conflictos internacionales, las tensiones comerciales, el coste de la energía y la incertidumbre financiera condicionan cada vez más las decisiones de inversión, financiación y crecimiento. Desde esta perspectiva global, Giró situó el debate en los retos estructurales de Cataluña: la productividad, la financiación, la educación, el tamaño empresarial, las infraestructuras y la capacidad de alcanzar acuerdos políticos a largo plazo.
Giró describió un escenario internacional marcado por la superposición de conflictos y riesgos. La guerra de Ucrania, las tensiones entre Rusia, Europa y la OTAN, el conflicto en Oriente Medio, la guerra con Irán y la vulnerabilidad de puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz formaron parte de un análisis que también incluyó la política arancelaria de Donald Trump y el impacto de las catástrofes naturales. Según expuso, estos acontecimientos tienen repercusiones sobre el funcionamiento de la economía: alteran los flujos comerciales, introducen incertidumbre en el suministro de materias primas y energía y dificultan la planificación de las empresas. La geopolítica se convierte así en una variable que debe incorporarse a la gestión empresarial.
Para explicar el origen de este cambio, Giró se remontó a la caída del muro de Berlín, en 1989, y al colapso de la Unión Soviética, dos años después. El fin del orden bipolar de la Guerra Fría dio paso a una etapa de expansión de la globalización, con una integración creciente de los mercados y el acceso a recursos y capacidad productiva a costes competitivos.
En su análisis, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, el conflicto en Israel y el regreso de Trump a la presidencia de Estados Unidos han acelerado el paso hacia un mundo más fragmentado. La confianza que había facilitado los intercambios deja paso a una lógica de protección, rivalidad y seguridad estratégica. Para las empresas, esto obliga a revisar las dependencias y a valorar con mayor atención los riesgos de los mercados en los que operan.
En este contexto, Giró expresó su preocupación por la capacidad de respuesta de la Unión Europea. Recordó la mirada históricamente europeísta del catalanismo y defendió el potencial de un mercado europeo unido, pero cuestionó que este potencial se haya traducido en una capacidad suficiente de actuación conjunta.
La complejidad de la gobernanza, el peso de la burocracia y la dificultad para alcanzar decisiones compartidas centraron esta parte de su intervención. Según Giró, Europa necesita más agilidad para competir en un entorno en el que otras potencias actúan con estrategias más definidas y con mayor capacidad para movilizar recursos.
También puso sobre la mesa el reto de mantener el modelo europeo de bienestar. Advirtió que el mantenimiento de las pensiones, las prestaciones y los servicios públicos requiere una economía capaz de generar suficiente actividad e ingresos, y vinculó esta necesidad con la productividad y con una fiscalidad que permita desarrollar la actividad empresarial.
La defensa fue otro de los ámbitos destacados. Giró señaló la falta de una política europea suficientemente cohesionada a pesar de la guerra en Ucrania y amplió el concepto de defensa más allá del equipamiento militar convencional. Los semiconductores, la inteligencia artificial y la capacidad tecnológica forman parte, explicó, de la autonomía estratégica que Europa necesita construir.
Uno de los ejes centrales de la sesión fue la diferencia entre el crecimiento de la economía en su conjunto y la mejora de la prosperidad de la población. Giró advirtió que Cataluña ha perdido posiciones relativas respecto a la media europea y contrastó esta evolución con la etapa en la que se reivindicaba como uno de los cuatro motores económicos de Europa.
Para ilustrarlo, puso el acento en la distancia entre el aumento acumulado del PIB y la evolución, mucho más limitada, del PIB por habitante durante las últimas décadas. Su reflexión fue que el incremento de la actividad económica, cuando va acompañado de un fuerte crecimiento demográfico, no garantiza por sí mismo una mejora equivalente de la renta y del nivel de vida.
La cuestión determinante es qué capacidad tiene la economía para generar más valor por persona. Giró defendió que, sin avances en productividad e innovación, el crecimiento difícilmente se transforma en salarios más elevados y en una mayor capacidad adquisitiva. En este sentido, cuestionó un modelo demasiado dependiente de actividades intensivas en mano de obra poco cualificada y remunerada. En referencia al Informe Fènix, situó el problema en la estructura productiva y en los incentivos que favorecen determinadas actividades de escaso valor añadido.
Este análisis también incorporó una advertencia ante las respuestas populistas: atribuir las dificultades económicas a la inmigración no resuelve las carencias del modelo. Según defendió, la respuesta debe pasar por elevar la calidad del empleo, reforzar la cualificación profesional y facilitar el desarrollo de actividades más productivas.
La transformación del modelo económico exige, desde la perspectiva de Giró, actuar sobre sus fundamentos. La educación ocupó un lugar prioritario en este diagnóstico. Los resultados de las pruebas PISA en matemáticas, ciencias y comprensión lectora sirvieron para plantear la necesidad de reforzar las competencias que sustentan el desarrollo personal y profesional.
Vinculó directamente la calidad educativa con la capacidad de un país para formar talento, innovar y generar actividad económica de mayor valor. Una relación que también afecta al atractivo de Cataluña para los jóvenes y a sus posibilidades de construir aquí un proyecto de vida.
Giró defendió que un territorio sin grandes recursos naturales debe concentrar sus esfuerzos en los activos de los que dispone: las universidades, los centros de investigación, el conocimiento científico, el talento y sectores con capacidades consolidadas, como el farmacéutico. Aunque reconoció la contribución del turismo, advirtió del riesgo de confiarle una parte excesiva del futuro económico. Reclamó una economía más diversificada, capaz de crear puestos de trabajo cualificados y bien remunerados.
En cuanto a la inteligencia artificial, apeló al realismo. Cuestionó el planteamiento de objetivos de liderazgo que no vayan acompañados de los recursos y las condiciones necesarios para alcanzarlos. Su propuesta fue reforzar las bases del país y orientar las prioridades hacia los ámbitos en los que Cataluña dispone de capacidades efectivas.
La conversación también abordó los retos de las pymes y su contribución a la actividad exportadora. Giró defendió la necesidad de facilitar que las empresas ganen dimensión para poder afrontar inversiones que requieren más recursos y estructura.
La investigación, la innovación, la incorporación de tecnología y la captación de profesionales especializados fueron algunos de los ámbitos que relacionó con esta capacidad de crecimiento. Según expuso, una dimensión insuficiente puede limitar el acceso de las empresas a proyectos que necesitan capital, equipos y continuidad.
En este marco, planteó la conveniencia de incentivar las fusiones entre pymes como una de las vías para reforzar el tejido empresarial. El reto es crear las condiciones para que las empresas puedan crecer, profesionalizarse y competir con mayor solidez.
Esta reflexión fue acompañada de un llamamiento a actuar con las herramientas disponibles. Giró señaló las ventajas competitivas que concentra Madrid, pero defendió que Cataluña debe desarrollar una estrategia propia a partir de sus activos y de la capacidad de decisión que tiene a su alcance.
La financiación de Cataluña fue otro de los grandes bloques de la sesión. Giró describió la infrafinanciación como un problema estructural que limita la capacidad de dar respuesta a las necesidades de la población y de impulsar las inversiones que requiere el país.
Desde su experiencia al frente del Departamento de Economía, hizo referencia al gasto desplazado, especialmente en sanidad y educación, como expresión de la distancia entre las obligaciones que asume la Administración y los recursos presupuestarios disponibles. Defendió que este desequilibrio no puede compensarse de forma recurrente con incrementos de impuestos. En su análisis, una presión fiscal más elevada sobre ciudadanos y empresas no resuelve la raíz del problema y puede restringir la capacidad de consumo, inversión y crecimiento.
Giró expresó su apoyo a un concierto económico para Cataluña que incorpore un pacto de solidaridad. También vinculó las posibilidades de avanzar en esta cuestión con los momentos en que los votos de los representantes catalanes resultan determinantes para la investidura de un Gobierno español.
La reflexión sobre la financiación tuvo una dimensión social explícita. Hizo referencia a las personas que esperan prestaciones de dependencia o una plaza residencial y reivindicó la necesidad de preservar los pilares del bienestar con recursos suficientes y una gestión efectiva.
Giró insistió en que la competitividad también depende de la capacidad de convertir las prioridades compartidas en actuaciones concretas. En el ámbito de las infraestructuras, puso la R3 como ejemplo de la necesidad de complementar la reivindicación con trabajo técnico y consenso político. Destacó la iniciativa impulsada por el doctor Josep Arimany y el valor de reunir conocimiento especializado, interlocución institucional y apoyo territorial para avanzar. Su reflexión fue que la persistencia de las demandas debe ir acompañada de propuestas viables y de acuerdos que faciliten su ejecución.
En materia de energía, advirtió del retraso de Cataluña en el despliegue de las renovables y de las consecuencias que puede tener mantener una elevada dependencia de la producción exterior. Según planteó, renunciar a desarrollar capacidad propia también implica tener que asumir las infraestructuras necesarias para transportar la energía desde otros territorios.
En referencia a la planificación territorial de las renovables, reclamó un debate capaz de conciliar la protección del paisaje con las necesidades energéticas y productivas. Situó esta cuestión entre los ámbitos que requieren consensos estables y decisiones sostenidas.
Educación, fiscalidad, vivienda, energía y reforma administrativa confluyeron en una misma demanda: la necesidad de acuerdos amplios que permitan mantener las transformaciones más allá de una legislatura.
Giró consideró que la fragmentación parlamentaria obliga a los principales partidos a asumir una mayor responsabilidad en la construcción de consensos. Defendió un horizonte de unos ocho años para emprender reformas profundas y darles continuidad, con prioridades definidas y capacidad de ejecución.
También reclamó que el debate público incorpore más la voz de los sectores de la sociedad civil que tienen menos presencia en la confrontación cotidiana. Apeló a escuchar las necesidades del país con realismo y a evitar que las decisiones queden condicionadas únicamente por las posiciones que generan más ruido.
En este punto, situó la reforma de la Administración como una pieza necesaria para mejorar el funcionamiento del país. La respuesta a los retos económicos requiere instituciones capaces de facilitar la actividad, gestionar los recursos y ejecutar las decisiones.
La conversación incluyó una reflexión sobre la situación del catalán y la pérdida de uso social de la lengua. Giró expresó su preocupación por su presencia en la calle y vinculó su futuro con la percepción de que sea una lengua necesaria para progresar social y profesionalmente.
Esta cuestión se integró en una mirada más amplia sobre el atractivo y la cohesión de Cataluña. La capacidad de ofrecer oportunidades a los jóvenes, generar prosperidad y mantener unos servicios públicos de calidad forma parte, en su planteamiento, de la solidez del proyecto colectivo.
Defendió que Cataluña debe atender sus necesidades y evitar que sus retos queden relegados dentro del debate político. Una reivindicación que acompañó de la necesidad de buscar soluciones concretas y viables.
En el tramo dedicado a las perspectivas económicas, Giró trasladó un mensaje de prudencia en la gestión del endeudamiento. Expresó su preocupación por el riesgo de sobrecalentamiento de los mercados bursátiles, la persistencia de la inflación y la posibilidad de un endurecimiento de las condiciones financieras.
Ante estos riesgos, recomendó evitar un apalancamiento excesivo y valorar la reducción de la deuda. Se trataba de su interpretación del escenario y de un llamamiento a preservar la capacidad de respuesta ante posibles tensiones.
Para las empresas, esta reflexión pone el foco en la importancia de conocer la estructura de la deuda, los vencimientos y la exposición a los costes financieros. La solidez del balance y la disponibilidad de liquidez condicionan el margen para mantener la actividad y afrontar nuevas inversiones.
Giró recurrió a una referencia literaria de Ernest Hemingway para ilustrar el riesgo de aplazar las decisiones. En Fiesta, el personaje de Mike Campbell explica que se arruinó primero de forma gradual y después de repente. La imagen sirvió para advertir que los desequilibrios pueden acumularse durante años antes de que sus consecuencias se hagan plenamente visibles.
El mensaje final combinó esta advertencia con la confianza en la capacidad de Cataluña para reconducir la situación. Giró defendió que el país dispone de talento, conocimiento y tejido empresarial, pero necesita decisiones, recursos y acuerdos que permitan transformar estos activos en una mayor prosperidad.
Con esta sesión de Mirades d’economia, Consultoria Bosch refuerza su compromiso de acercar a los empresarios una interpretación del contexto que les ayude a tomar decisiones con perspectiva. Comprender los cambios internacionales, valorar los riesgos financieros e identificar las condiciones que favorecen la competitividad forma parte del acompañamiento que necesitan las empresas para planificar su futuro.